A partir de este domingo, 2 de enero, entra en vigor la nueva ley del tabaco que prohíbe fumar en todos los espacios públicos cerrados y en algunos al aire libre, como parques y lugares de ocio infantil, colegios y recintos hospitalarios.
La norma, impulsada por la anterior ministra del ramo Trinidad Jiménez, fue aprobada el pasado 21 de septiembre en el Congreso de los Diputados en su versión más restrictiva. Así, se da prioridad a la prevención el tabaquismo en menores, retrasando la edad de inicio del consumo, y a la protección de los fumadores pasivos, sobre todo a los trabajadores de la hostelería.
Tras su aprobación, la actual ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Leire Pajín, afirmó que con su aprobación se ha hecho "historia", ya que se trata de una ley "tremendamente importante y necesaria para la sociedad", que ha conseguido "priorizar la salud pública" y que supondrá "un paso decisivo en la defensa de la salud de los españoles".
Fuera de la norma se quedó la enmienda que introdujo el PP aprobada en el Senado que abría la posibilidad de que los casinos, bingos y salas de juego pudieran reservar hasta un 30 por ciento de su espacio para fumadores, sin servicio de juego ni de consumiciones. Del mismo modo se rechazó que se concedieran beneficios fiscales a los empresarios que hicieron obras en sus locales para adaptarse a la ley de 2005.
Las nuevas reglas sobre el tabaco
La ley que entra en vigor define espacio público como "todo lugar accesible al público o de uso colectivo, con independencia de su titularidad pública o privada", los transportes públicos o colectivos y terrazas con "un máximo de dos paredes".
Como excepción, se podrá fumar en las habitaciones que los dueños de hoteles decidan habilitar para ello, con un máximo del 30 por ciento del local. Estas habitaciones deben ser fijas, estar separadas del resto y señalizadas con carteles. Los trabajadores no podrán acceder a ellas "mientras se encuentre un cliente en su interior, salvo caso de emergencia".
También se permitirá fumar en espacios al aire libre de universidades y centros "exclusivamente dedicados a la formación de adultos, siempre que no sean accesos inmediatos a los edificios o aceras circundantes".
Además, podrán fumar los presos, pacientes de psiquiátricos de media y larga estancia e internos de residencias de mayores o discapacitados en zonas exteriores o en salas cerradas habilitadas, señalizadas y con ventilación independiente.
Podrán fumar también los socios de los clubes privados de fumadores, que para ser considerados como tal deberán ser "entidades con personalidad jurídica, carecer de ánimo de lucro y no incluir entre sus actividades u objeto social la comercialización o compra-venta". Tampoco podrán permitir la entrada de menores.
¿Habrá menos fumadores?
"Es el momento para dejarlo. Un poco exagerado me parece lo (de no poder fumar en algunas zonas) de la calle, pero bueno. Pienso que cada uno es libre pero yo desde luego intentaré dejarlo", dijo Laura Navarro, de unos cuarenta años, mientras se fumaba un cigarrillo y desayunaba en una cafetería.
Tras el descenso registrado en 2005 con la aprobación de la Ley de Prevención del Tabaquismo, los datos de la última Encuesta Domiciliaria sobre consumo de Alcohol y otras Drogas reflejan que el 31,8% de los entrevistados consume tabaco a diario, frente al 29,6% de la encuesta anterior.
Sin embargo, lo que no consiga la ley o la voluntad puede que lo haga el bolsillo, debido a la crisis y al reciente incremento de los impuestos sobre el tabaco, que representa alrededor del 77 por ciento del precio final de la cajetilla de 20 cigarrillos, que tiene un precio medio de unos 3,60 euros.
Según cifras del Comisionado para el Mercado de Tabacos, después de años de estabilidad, en 2009 y lo que va de 2010 se ha registrado una caída considerable de la venta de cajetillas. Si en 2005 se vendieron alrededor de 4.635 millones de cajetillas, el año pasado la cifra cayó a unos 4.068 millones, y hasta noviembre de 2010, el número se situaba en 3.333 millones.
Lo que no se ha visto afectada es la recaudación, que ha registrado incluso un aumento. Si en 2005 los ingresos derivados de las cajetillas se situaban en 10.244 millones de euros, esa cifra se elevó a 11.720 millones de euros en 2009, y a 30 de noviembre de 2010 ya iba por los 11.005 millones.