Los argumentos de incertidumbre, la adulación como arma de conquista, disparates consistentes o desdibujar la realidad son métodos que utilizan tanto políticos como tertulianos y medios de comunicación para contar 'medias verdades'. En nuestro día a día también recurrimos a estrategias verbales para llevar la información a nuestro terreno. ¿Cómo percatarse de los argumentos falaces? Julian Baggini, autor del best seller internacional 'El cerdo que quería ser jamón', muestra cómo descubrir los engaños a través de 100 declaraciones de mandatarios y periodistas.
Según el escritor, el ex Primer Ministro del Reino Unido Tony Blair, utiliza la técnica del "si yo no lo hago, otro lo hará"... En una ocasión declaró que estaba en su mano detener la industria de defensa del país, pero el resultado sería que si no eran ellos, otras naciones suministrarían las armas. Justificar acciones moralmente dudosas con el tradicional 'todos lo hacen' u 'otros lo harán', provoca en los ciudadanos cierta flexibilidad ante las críticas, sin percatarse de la gravedad real de la situación.
El presidente de los Estados Unidos y sus predecesores no se quedan atrás en palabrería. Desde Ronald Reagan hasta Barack Obama han demostrado una afirmación que ya conocíamos: la política y la falacia van de la mano. El actual presidente llama al sentido común para 'convencer' y atraer a los ciudadanos estadounidenses. Lo que al principio parece razonable y bien argumentado, puede en realidad no ser del todo cierto. "Democrático, simple y evidente", pero... un mal indicador, según señala Baggini, de lo que es verdad y fiable. ¿Acaso el hecho de que el mundo sea esférico implica que caigamos al vacío? El sentido común dice que sí, pero se equivoca.
Poco después del ataque al World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, el entonces presidente de los EEUU George W. Bush, acorde a su habitual tajante forma de hablar y actuar, dio un 'ultimátum' a los ciudadanos: "O estáis con nosotros, o estáis con los terroristas". Falsas dicotomías. Áquel que elimine toda complejidad de una situación y reduzca los problemas a un 'lo tomas o lo dejas', no es de fiar. Son trucos retóricos que también utilizaron en su momento el matrimonio Clinton. El escándalo desatado por la infidelidad de Bill Clinton con Mónica Lewinsky, arrancó en un primer momento las siguientes palabras del ex presidente: "No tuve relaciones sexuales con esa mujer...". ¿Mintió? En absoluto. El contacto sexual pleno no tuvo lugar en esa relación, sin embargo, sus declaraciones supusieron una media verdad: "un enunciado que puede interpretarse como literalmente verdadero, pero que obstruye otras verdades relevantes", manifiesta el autor.
Hillary Clinton, por su parte, evita las especulaciones. Desde un punto de vista, razonable, y sin embargo se trata de otro tipo de falacia. Si un político en plena campaña anuncia lo que hará o no ejecutará si resulta victorioso, es decir, si hace hipótesis sobre algo que podría pasar o no, ¿por qué se niega a contestar a otras conjeturas?
La 'falacia regresiva' de Ronald Reagan, que cree, según analiza el libro sus declaraciones, que cualquier éxito es consecuencia de sus propios méritos y no de años de esfuerzo; la actriz Emma Thompson, que escuda la verdad de sus opiniones en ataques a veredictos contrarios; el cineasta Michael Moore, que desdibuja los límites entre dos temas, que en principio no tienen relación, para dar más fuerza a sus argumentos; o medios de comunicación como el diario británico 'The Observer', que utiliza titulares agresivos con advertencias ocultas y carecen de rigor, forman parte de los 100 ejemplos que Baggini exhibe en su obra. ¿Creerán los políticos y medios realmente que no advertimos sus 'estratagemas lingüísticas'? ¿O realmente no somos conscientes de ellas?