El portavoz de la ONU, Martin Nesirky, dijo que el documento, suscrito hoy en la capital qatarí, Doha, representa para Ban 'un paso importante hacía un acuerdo de paz integral para Darfur que aborde las causas del conflicto y las inquietudes de todas las comunidades'.
'El secretario general expresa el deseo de que se implemente todo el contenido del acuerdo, y alienta a todas las partes a participar con flexibilidad y visión política en el proceso de paz de Doha', agregó el portavoz.
El acuerdo de alto el fuego fue ratificado por el presidente sudanés, Omar al Bachir, y el líder del MJI, Jalil Ibrahim, en presencia del presidente de Chad, Idris Deby, y el emir de Qatar, Hamad bin Jalifa al Zani.
Los principales puntos del documento son la distribución de la riqueza, el reparto del poder y el restablecimiento de la seguridad en Darfur, una región fronteriza con Chad y habitada por cuatro millones de personas.
Jartum ha indicado que los 105 rebeldes del MJI que fueron condenados a muerte por haber participado en el ataque de 2008 en la ciudad de Om Durman, separada de la capital sudanesa por el río Nilo, serían liberados tras la firma del alto el fuego, de acuerdo con un calendario. En ese ataque murieron unas 300 personas.
El MJI y el Gobierno de Jartum ya habían firmado el 17 de febrero de 2009 un acuerdo de buena voluntad con el objetivo de allanar el camino hacia una paz definitiva.
Sin embargo, la orden de arresto emitida el 4 de marzo de 2009 por la Corte Penal Internacional (CPI) contra Al Bachir por crímenes de guerra y lesa humanidad cometidos durante el conflicto de Darfur provocó la suspensión de las conversaciones.
Las partes reanudaron el diálogo el pasado junio en Doha, pero la ronda de negociaciones concluyó sin acuerdo.
Los distintos grupos rebeldes de Darfur llevan negociando un acuerdo de paz desde el 23 de agosto de 2004, para poner fin al conflicto armado que comenzó en febrero de 2003 en protesta por la pobreza y la marginación que sufrían los habitantes de esta región.
El conflicto ha causado unos 300.000 muertos y unos 2,7 millones de personas tuvieron que abandonar sus comunidades de origen, según datos de la ONU.