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 Gustavo, el cocodrilo que ha engullido a más de 200 personas

2 de febrero de 2010

Es conocido por golpear con su cola a los niños que juegan a orillas del lago Tanganyika, ha sido filmado atacando a un pescador y la leyenda cuenta que se comió a una mujer de la embajada rusa que estaba en aguas poco profundas.

Desde hace 20 años el cocodrilo Gustavo aterroriza a los habitantes de Burundi. El reptil gigante se ha comido a más de 200 personas, pero un francés parece decidido a poner fin a la cacería de humanos.

Gustavo pesa una tonelada y mide seis metros de largo. Recibió su nombre de Patrice Faye, que vive en el país desde hace casi dos décadas. Faye, convertido en héroe local por intentar capturar al reptil desde hace 11 años, ahora ha cambiado de estrategia y dice que ya no lo quiere matar.

El objetivo es capturarlo vivo y colocarle un dispositivo rastreador porque, dice Faye, "vivimos en una era donde criaturas como estas son cada vez más raras".

"Es un animal prehistórico, muy, muy gordo", le dijo Faye al programa Outlook, de la BBC. "En el agua se asemeja a un hipopótamo. Todavía tiene todos sus dientes lo que sugiere que tiene unos 68 años".

Faye dice que cuando él hizo su investigación, en un período de tres meses, 17 personas fueron devoradas por Gustavo. "Calculé que si estuvo matando gente durante 20 años podría haberse comido a más de 300 personas", explicó.

El experto aseguró que Gustavo podía pasar uno o dos años sin comerse a ningún ser humano. De hecho, el año pasado no se registró ningún ataque. Pero, ¿cuál es la explicación para que Gustavo tenga una preferencia por comer personas?

Para Faye esto se debe a que el peso del animal hace que la comida normal ya no lo puedan sostener. Además, "al ser tan enorme, es más lento, y entonces no tiene más opción que cazar presas fáciles y en el agua no hay presa más fácil que el ser humano".

"No creo que sea una cuestión de gusto, sino una cuestión de lo puede cazar", agregó.

Una cuestión personal
En un momento, Faye utilizó una trampa usada en Zimbabue para capturar grandes cocodrilos. Pero era muy pesada y se terminó hundiendo. Antes de eso, Gustavo había estado muy cerca del dispositivo, pero nunca cayó en la trampa.

"Debe de tener un instinto de supervivencia muy grande, porque ha sobrevivido cuando otros cocodrilos han sido masacrados", contó.

Ahora ha cambiado la estrategia. "Tengo informantes, en Burundi hay miles de personas junto al lago, especialmente pescadores que pasan la mayor parte del tiempo en el agua. Les di una docena de teléfonos móviles para que me digan dónde está", explicó.

Gustavo ha sido baleado varias veces y Faye contó que una vez hasta se tragó una de las balas. Pero él sigue acechando.

Y el francés no quiere ni pensar en la posibilidad de que alguien lo capture primero. "Me sentiría como si me robaran algo", explica. "Voy a permanecer fiel a él y espero que haga lo mismo".

Terra