En sus más de 30 años de profesión como dibujante, el holandés Peter de Wit, de 51 años, rara vez había creado expectación fuera de su país. El pasado jueves, el Museo de la Prensa de Amsterdam inauguró una exposición de su obra como viñetista en Volkskrant, el tercer diario generalista de Holanda. Una muestra que sirvió como vehículo para presentar ‘Polderburkas’, la segunda entrega de una obra gráfica llamada ‘Burka Babes’ (Editorial Glenat, 2010) que fue presentada hace diez días, traducida al castellano, con motivo del 28º Saló del Comic de Barcelona.
“Son objetos grandes, oscuros, con una bolsa roja de la compra. Es una imagen muy poderosa…”, explica por teléfono De Wit para justificar unas viñetas que empezaron a aparecer en el diario holandés como un spin-off de su tira más conocida, ‘Sigmund’, un psquiatra con una vision muy ácida de la actualidad holandesa. Las ‘Burka Babes’ son mujeres ocultas. Son amas de casa que comentan la sociedad desde la rendija de sus ojos. ‘Se la ve muy vieja, ¿verdad?’, le comenta una señora a otra, ambas vestidas con burka, sobre una presentadora de television igualmente cubierta. ‘Yo siempre me las hago brasileñas…’, suelta una jovenzuela en la consulta de la esteticien.
El libro que ha editado Glénat incluye 60 de las 130 viñetas que De Wit calcula haber dibujado sobre mujeres que visten burka. Y el historietista holandés espera que su obra se entienda como “una obra cómica con un punto de sátira” cuyo objetivo sea hacer reir, sin cargas ideológicas. “Yo espero que las bromas sean graciosas para todos… musulmanes o no”, apunta.
PREGUNTA: ¿Qué encuentra de gracioso en que las mujeres vistan un burka?
RESPUESTA: Simplemente me gusta pensar en chistes sobre ellas. No tengo una explicación mejor. Cuando trabajaba en mi estudio de Ámsterdam, hace ocho años, solía ver a una mujer con niqab paseando bajo mi ventana y cargando bolsas de la compra. Me resultó una imagen extrañísima, una señora completamente cubierta de negro, con un pequeño agujero para los ojos. Fue un shock. Esa figura empezó a atraerme como dibujante. También a los lectores, que me enviaban sus propias versiones de viñetas con mujeres vistiendo burka.
P: ¿No son un blanco demasiado fácil para hacer chistes?
R: Al contrario, suponen un reto extraordinario. Al no poder mostrar su rostro, desconoces quién se esconde detrás. Sólo puedes imaginarte al tipo de persona que se refugia tras el atuendo. Y eso hace gracioso su discurso. Además son chistes difíciles de ilustrar porque son objetos negros, grandes… y no puedes hacer demasiadas cosas con ellos en una viñeta. No puedes hacerlos correr. Ni que levanten los brazos. Tiene que basar siempre el chiste en el mensaje que transmita la mujer que viste el burka.
P: ¿Y cree que ese mensaje llega a la comunidad musulmana?
R: Fíjese, hace unos meses estuve firmando libros en Holanda y se acercaron a comprar el libro dos mujeres cubiertas con un velo musulmán porque les 'gustaban los chistes’. Me gustó escuchar aquello, porque prefiero que se rían con el libro… a que lo quemen, que lo tiren, o que se enfaden conmigo. Es una anécdota que me abrió los ojos, comprobé que la integación funciona, que los musulmanes también compran libros, … ¡y por qué no iban a comprar el mío! Los chistes, el humor, son una potente herramienta de integración porque la gente se ríe con las mismas cosas.
P. Ellas se rieron… pero algún musulmán puede sentirse herido con su obra.
R. ¿Por qué? Nadie puede llamarme antimusulmán. En ‘Burka Babes', estas mujeres son amas de casa que utilizan una prenda que yo, personalmente, pienso que no debe ser muy agradable de vestir. Pero son mujeres fuertes. Mujeres con opiniones claras sobre los hombres, sobre la sociedad, sobre la religión. Y sobre todo, mujeres que intentan sobrevivir, lo cual creo que añade a mis viñetas un punto de realidad…
P. En cambio reconoce que nunca ha hablado con una de ellas.
R. Es cierto. Pero desde hace 16 años [el período que Sigmund lleva apareciendo en Volkskrant] dibujo comics sobre todo lo que me parece interesante, politicos, obispos, Dios… y no he hablado personalmente con ninguno de ellos. Mi labor como dibujante sólo es pensar chistes a través de mi punto de vista. No creo que tenga que hablar con todos aquellos que aparecen en mis viñetas.
P. ¿Y no ha sentido miedo tras conocer los ataques de radicales musulmanes a otros dibujantes como el sueco Lars Vilk, o el danés Kurt Westergaard?
R. Con Westergaard, el dibujante de las famosas caricaturas en el diario Jyllands-Posten, ocurrió algo curioso. ¿Se ha fijado que desde entonces se ilustra más a Mahoma en los medios de comunicación? [el Corán prohíbe representar la imagen del profeta islámico] Las últimas críticas se centran en un dibujante surafricano, Zapiro, que también ha dibujado a Mahoma. Me quedo con lo que afirma el profeta en una de esas viñetas de Zapiro: ‘Ojalá el islamismo tuviera el mismo sentido del humor que otras religiones’.
P. ¿Usted, o su familia, no temen que puedan ser atacados como esos dibujantes?
R. No me obsesiona y no me paso todo el día en mi casa hablando de islamismo. Soy un artista que se dedica a escribir y dibujar. Ilustrar a mujeres con burka no es más que una parte de mi trabajo. No es lo único que dibujo…
P. ¿Pero no le ha amenazado nadie?
R. Todavía nadie. Bueno, sí… mi mujer.
P. ¿Por publicar el cómic?
R. No… por no sacar la basura a la calle todas las noches. Dice que se va a divorciar. Esa amenaza me la creo. ¡Mi esposa resulta muy convincente!
P. ¿Cree que los musulmanes no tienen sentido del humor?
R. No digo que no lo tengan. Conozco a varios dibujantes y publicaciones en Turquía, pero nunca expresan su humor con el Corán o con el Islam. Yo nací en una familia católica y en los años 70, aquí en Holanda, hubo protestas contra esta rama del cristianismo y contra el Papa. Y la Iglesia Católica tuvo que tragar con ello. Para aceptar las críticas, hay que tener sentido del humor. Mi objetivo y el de los demás dibujantes no es ofender al Islam. En Europa tenemos algo llamado ‘libertad de expresión’ y ‘libertad de prensa’. Podemos escribir y dibujar lo que queramos. Si a alguien le parece ofensivo, puede denunciarnos ante la Justicia. Y si nos condenan, iremos a prisión. Así es como funciona en Occidente. Pero los musulmanes no están acostumbrados a ese sistema…
P. ¿Le han censurado algún chiste?
R. No. Soy muy crítico con mi trabajo y si hay que censurarlo, soy el primero que lo hago. Reescribo. Cambio los dibujos. Pero las modificaciones las hago en mi mesa de trabajo. Ni el periódico ni la editorial me han prohibido ninguna viñeta. Y todo lo que se ha publicado, por supuesto, tiene mi aprobación.
P. Algunos países europeos quieren prohibir el burka y el niqab en sus calles. Bélgica y Francia han sacado dos proyectos de ley. Y en España, una política, Esperanza Aguirre, asegura que son prendas sin cabida en Occidente…
R. En Holanda los hemos prohibido en los edificios de la Administración Pública porque son espacios donde debes interactuar a la cara con otras personas. O en las escuelas, donde tienes que poder reconocer a un estudiante en un examen. Recientemente, una enfermera de Amsterdam quería cubrise los brazos, algo imposible por los requisitos de su trabajo en cuanto a infecciones. Y tuvo que buscarse otro trabajo donde su actividad no chocara con sus creencias. Pienso que será difícil prohibir el burka en las calles porque muchas mujeres lo visten de forma libre y acorde a sus creencias. ¡Cómo va a aprobarse un decreto que prohíba sus ideas! Sería algo inconstitucional…
P. Excepto si se demuestra que ellas no quieren realmente vestirlo…
R. Pero eso es difícil de demostrar. En Holanda, por ejemplo, las mujeres más fanáticas son las holandesas que se han convertido al islamismo. Son ellas las que visten el burka y el niqab. No las musulmanas de origen. ¿Y qué hacemos con las mujeres que desean llevarlo en Afganistán y Pakistán? Porque sin esa prenda, ni siquiera podrían salir de casa.
P. ¿Y eso no es una falta de libertad?
R. Como le dice una de mis ‘Burka Babes’ a otra en una viñeta, ambas cubiertas de negro de pies a cabeza: ‘La religion es cosa de hombres, ¿no crees?’. Y sin embargo, no vemos a los hombres vistiendo burkas…