Actualmente se siguen estrenando películas muy exitosas donde los tópicos españoles pueden llegar a eclipsar la película: “Vicky Cristina Barcelona” (2008) es una muestra de ellos. En el film aparecen las mujeres pasionales, la guitarra aderezada con un buen vino tinto, los planos de grandes sitios turísticos como si fueran postales,... Woody Allen, que ha creado con su visión propia una visión universal de Manhattan, para retratar Barcelona lo hace en este caso más desde el punto del turista que del escrutador de realidades. O quizá el neoyorquino dio al público lo que en realidad estaba esperando, como el alcalde que aparece en la película de Luis García Berlanga “Bienvenido Mr. Marshall” (1952), que para complacer a las autoridades americanas hace vestir a los habitantes de andaluces folclóricos.
Remontándonos a películas de corte clásico donde se reproducen "topicazos" hasta la saciedad nos podemos encontrar con la versión cinematográfica de la novela de Julio Verne, “Around the world in 80 days” (La vuelta al mundo en ochenta días, 1956),.Es un film cinco veces oscarizado en el que participa Cantinflas. Cuando llegan en globo a una ciudad española los protagonistas son recibidos por un bullicio infernal (“los españoles hablamos muy alto”, reza el tópico), son agasajados por bailes flamencos en una taberna donde aparece el hombre más poderoso de la ciudad (que duerme de día y vive de noche)... hasta que Cantinflas acaba toreando, primero a una mujer que bailaba y luego una vaquilla deslucida en el coso taurino. Vemos en este caso como se reproduce el tópico aquel de que “los españoles están siempre de fiesta”, aunque también el positivo de que somos “abiertos, generosos y acogedores”.
Un país con "tradiciones antiquísimas"
El historiador de los medios de comunicación de masas Roman Gubern estudió la imagen de España en el cine extranjero y llegó a la conclusión que primaba el estereotipo romántico de los españoles: un país de tradiciones antiquísimas, de pensamientos rígidos y arcaicos y con predominio de lo pasional frente a lo racional: “Los argumentos se suelen ambientar en Andalucía y tiene siempre protagonismo algo relacionado con la tauromaquia, el don Juan como amante conquistador y la mujer apasionada” (véase “La imagen de España en el cine extranjero”, en la revista Claves de razón práctica, 1996). Hay una lucha entre la visión europeista modernizadora y la visión castiza del viejo eslogan “España es diferente”. Como recoge Javier Noya en “La imagen de España” en el exterior “hacia el exterior proyectamos una imagen europea, a tenor de los Eurobarómetros, hacia el interior la autoimagen es romántica”. Es decir, nos vemos como un país divertido, natural, caluroso, religioso y tradicional.
La respuesta a la valoración de si la repetición de estereotipos (la manida trilogía de “sol, toros y flamenco”) en los medios de comunicación o en campañas publicitarias es positiva y negativa la ofrecen los datos del turismo, que han sufrido incrementos espectaculares en las últimas décadas (más de 52 millones de visitantes al año). Tanto que la última campaña del Instituto de Turismo de España (Turespaña), que ha visto aumentar su presupuesto en un 6,4 % en una época de recorte de gasto público, ha lanzado un mensaje claro de gancho “I need Spain”. Además, cuenta con Ferrán Adriá como “embajador”, recordando al viejo tópico del buen comer en España pero con una visión moderna y actualizada, encontrando el término medio entre la tradición y la modernidad. Un filón que también puede ofrecer una gran imagen de España en el extranjero podrían ser los deportistas que están triunfando por todo el mundo, como Pau Gasol, Rafael Nadal o Fernando Alonso.
Varias "chapuzas" y una película con una visión moderna
Ha costado sobremanera superar la imagen de la España tardofranquista, presente en el cómic de "Asterix en Hispania", por ejemplo, aunque aún hay retratos bastante deleznables de la realidad española, como el libro de Dan Brown "La fortaleza digital", en el que Sevilla es mostrada como una ciudad paupérrina, con olor a orín en los hospitales y falta de seguridad generalizada. Aunque el alarde de ignorancia (o de recurso literario) del escritor norteamericano es un caso aislado en literatura, en cine si se produce con más frecuencia.
Uno de los casos más flagrantes de visión falsa y estereotipada de España del séptimo arte es en la segunda parte de “Misión imposible 2” (2002), cuando Sevilla es introducida con música étnica y aparece una mujer bailando sevillanas y dos hombres haciéndole coros. Aunque lo peor es cuando el personaje interpretado por Anthony Hopkins se queda impresionado por la “costumbre española” de quemar imágenes en Semana Santa, en un batiburrillo en el que se mezcla la imaginería religiosa con las fallas valencianas, cuando en la película se ve que las piezas que arde no llegan a tener ni un metro de altura.
Como comprueban los espectadores una y otra vez, se sigue prodigando el abuso, disfrazado de ignorancia, de lugares comunes muy trillados de los españoles, como la confusión o mezcla de nuestro país con Latinoamérica. En la película de Jet Travis “Vantage Point” (En el punto de mira, 2008), donde participa el español Eduardo Noriega, se produce un atentado durante la visita del presidente de Estados Unidos en la Plaza Mayor de Salamanca, aunque la particularidad es que prácticamente la totalidad de los asistentes al acto son mexicanos, porque casi toda la película se rodó en ese país.
Aunque también nos podemos encontrar con aspectos positivos en otras películas. “L´auberge espagnole” (Una casa de locos, 2002), de Cédric Klapisch, ofrece una visión actual de un fenómeno más contemporáneo: las becas Erasmus. Un estudiante francés decide pasar un año en Barcelona, donde convive con otros estudiantes en una casa caótica y se encuentra con el choque de asistir a las clases de universidad en catalán. Es una película que no ofrece una mera visión turística, sino que indaga en la adaptación de los estudiantes Erasmus en el extranjero y a la dualidad cultural catalana, ofreciendo una visión cosmopolita de la ciudad (centrándose sobre todo en el ambiente juvenil), pero también el estereotipo positivo de que en España somos “sociables y generosos”. Aunque actualmente ya no se ruedan películas de España como se hacía un siglo, con títulos como “La fête espagnole” (La fiesta española, 1919), de Germaine Dulac o “Blood and sang” (Sangre y Arena, 1922), de Fred Niblo, los tópicos perviven. Son duraderos y siguen estando presente de otra manera, más actualizada pero remitiendo siempre a modelos antiguos, en el cine extranjero cuando tiene que ambientar películas enteras o escenas en nuestro país.