Después de mezclarse con los habitantes del Madrid del 2 de mayo de 1808 en 'Un día de cólera' y narrar en 'Ojos azules' la masacre acontecida el 30 de junio de 1520 entre los hombres que acompañaban a Hernán Cortés en su huída hacia Veracruz, Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) vuelve a mirar al pasado para comprender el presente en 'El asedio', una de las novelas más esperadas de la temporada.
Según el autor de 'La carta esférica' o 'El pintor de batallas', ese pasado -el Cádiz de 1811 y 1812-, funciona como "el telón de fondo de una novela con enigmas, con desafíos intelectuales, con acción. Con personajes que intento sean apasionantes y reales. Con aventura. Procurando que todo eso resulte compatible en una historia sólida y bien contada". Aferrándose con tozudez a los materiales con los que considera que debe estar sustentado un buen libro –historia potente, férrea estructura y grandes dosis de “esfuerzo y humildad profesional” en sus propias palabras-, Pérez-Reverte es un 'outsider' que ha desarrollado su trayectoria alejado de los círculos literarios, un mundo "hipócrita, falso y lleno de envidias" al que dice que nunca pertenecería.
Célebres son sus encontronazos dialécticos con autores como Francisco Umbral, al que dedicó un artículo publicado en El Semanal el 9 de noviembre de 2005, en el que daba contundente respuesta a las críticas de 'falta de estilo' vertidas por el autor de 'Mortal y Rosa'. Pérez Reverte afirmaba en aquella ocasión que "una novela no se solventa con un bello estilo, dos frivolidades y cuatro asuntos expoliados a otros entre dos columnas en la prensa, una fiesta social y la presentación de un libro escrito y jaleado por los amiguetes de la Sociedad de Bombos Mutuos".
El éxito comercial de sus novelas, que comienza con la publicación de 'El maestro de esgrima' en 1988 y que se ha prolongado a lo largo de los años con títulos como 'La tabla de Flandes' (1990), 'El club Dumas' (1993), 'La carta esférica' (2000) o la saga protagonizada por el Capitán Alatriste ha provocado no pocas suspicacias entre ciertos sectores de la profesión que consideran a Pérez-Reverte un buen 'artesano', un escritor de vocación comercial que carece de aquello que distingue a los escritores consagrados por los adalides de la 'alta cultura'. La -en ciertos ámbitos, incómoda- figura de Pérez-Reverte resume el conflicto entre éxito de ventas y calidad literaria, que lleva a muchos a desdeñar de manera sistemática aquellas obras que tienen la condición de 'best-seller'. La polémica no quedó zanjada incluso después de ingresar en la Real Academia Española el 12 de junio de 2003 para ocupar el sillón T.
Antes de dedicarse en exclusiva al oficio literario, el autor se había curtido en las lides del periodismo trabajando durante 21 años como reportero de prensa, radio y televisión. Entre 1973 y 1994 recorrió el mundo cubriendo (primero para el diario Pueblo, después para TVE) algunos de los conflictos bélicos más sangrantes de la última mitad del siglo XX. Las guerras del Líbano, Eritrea, El Salvador, Nicaragua, Sudán, Mozambique, el Golfo, Croacia o Bosnia conforman la experiencia vital de un hombre que, hace poco, declaraba en El Cultural que "el mundo es un sitio muy jodido" y que "esto que tenemos aquí, en Occidente, es la excepción, el mundo real es aquello". 'Territorio Comanche' (1994) fue su particular ajuste de cuentas con una profesión que abandonó debido a la politización de la televisión y la falta de medios.
Después de presentar en RNE ‘La ley de la calle’ –clausurado por Jordi García Candau- y de su paso por TVE con el programa de crónica negra ‘Código Uno’, del que renegó poco antes de presentar su dimisión afirmando que contenía ‘basura’, se volcó en la literatura, refugio en el que ha hallado la gratitud del público, que es al único al que afirma debe rendir cuentas. Reverte no se considera un artista tocado por la gracia divina sino un ‘currante’ que sabe lo que le gusta a los lectores y que no duda en ofrecérselo en el mejor envoltorio posible.
Moviéndose con soltura por los más diversos géneros, el autor ha conformado a lo largo de los años una amplia galería de personajes protagonistas en la que conviven soldados de caballería, restauradoras de obras de arte convertidas en investigadoras ‘amateurs’, sabuesos profesionales, piratas informáticos, marinos que hace tiempo abandonaron su barco, narcotraficantes, fotógrafos de guerra o –supuestos- capitanes de los tercios de Flandes que son testigos de la España del siglo XVII.
La popularidad alcanzada por cada una de sus novelas ha hecho que Pérez-Reverte sea uno de los autores españoles más adaptados a la gran pantalla. Los resultados han sido bastante irregulares, oscilando entre productos dignos ('El maestro de esgrima' de Pedro Olea, 'La novena puerta' de Roman Polanski), adaptaciones fallidas ('Alatriste' de Agustín Díaz Yanes, 'La carta esférica' de Imanol Uribe) y desastres absolutos ('La tabla de Flandes' de Jim McBride).
El 'El asedio', que ya ha batido récord de pre ventas, llega a las librerías españolas con una tirada inicial de 300.000 ejemplares. Una apuesta fuerte por una obra sólida y apasionante que mira de frente a mundo que pudo ser y no fue.