La peculiaridad de estas fiestas populares consiste en una fusión entre el carnaval de Europa occidental, sobre todo el veneciano y el austríaco, y el folclore local, imbuido por la mitología pagana eslava.
Esta celebración ofrece diversos acontecimientos culturales, etnográficos y lúdicos, como fiestas de máscaras de niños, un desfile internacional, competiciones, ferias y exposiciones con la participación de grupos nacionales y de los países vecinos.
El carnaval esloveno de Ptuj se celebra desde 1960 y este año dura hasta el 16 de febrero.
Los carnavales de Ptuj suelen atraer cada año a miles de espectadores y en sus desfiles internacionales participa una gran multitud de personas disfrazadas procedentes de diversos países vecinos.
Estos carnavales tienen un gran parecido a los que se celebran en estas fechas, hasta el 14 de febrero, en la ciudad costera croata de Rijeka.
En Croacia, los campesinos locales llamados 'zvoncari' (campaneros) se disfrazan desde hace siglos como seres horripilantes fantásticos con el objetivo de espantar el invierno, mientras en Eslovenia personajes de aspecto muy similar asumen el papel de 'kurenti' (bufones).
Al inicio del carnaval los respectivos alcaldes de Ptuj y Rijeka entregan las llaves de la ciudad al 'príncipe del carnaval' y la mascarada termina el Miércoles de Ceniza con el entierro del 'pust', un muñeco que simboliza todos los males.
En Ptuj, la procesión etnográfica es la que mejor preserva la tradición secular y consta de tres partes. Empieza con los 'kurenti', que espantan el invierno, seguido de un desfile de disfraces que invoca la primavera y la fertilidad, para terminar con el paso de figuras grotescas para divertir a los espectadores.
Los 'kurenti' son fantoches extravagantes y espantosos, que con su apariencia y el gran ruido que producen por las grandes campanas atadas a sus cinturones, deben asustar el invierno y las fuerzas del mal.
Un 'kurenti' común está vestido de pieles de oveja, lleva cuernos de toro, campanas en la cintura, una máscara demoníaca, medias de lana y zapatos pesados, y blande en la mano izquierda un mangual o látigo de armas, que se usaba en la Edad Media.
Otros 'kurenti' típicos van ataviados con plumas de ave y llevan una máscara con pico o incorporan elementos diabólicos de influencia próxima al reino animal.
Después de este desfile, la procesión sigue con los personajes que invocan a la primavera, el amor, la fertilidad, la exuberancia y la plenitud, por lo que los disfraces constan de hojas verdes, adornos florales, hombres que arrastran un arado y que 'siembran' semillas o representan otras actividades de labranza.
Los actos lúdicos concluyen con el paso de figuras grotescas, gitanos alegres que predicen el futuro y pordioseros excesivamente mal vestidos que salen a la calle y hacen mojigangas y ridiculeces.
Con estas bufonadas al final de la procesión se intenta evocar que, sea el año bueno o malo, la temporada, fértil o yerma, siempre debe tomarse la vida con humor y gracia.
El entierro del 'pust', el muñeco que simboliza todos los males, el Miércoles de Ceniza, marca el fin del invierno, de las costumbres paganas y del carnaval, y el regreso al mundo cristiano, a la espera de la celebración de la Pascua.