‘Llevaba meses en paro y echando currículums. De repente, me apunté a una oferta pero no me percaté de que era en Mónaco. Yo no quería dejar España, al menos no en este momento de mi vida, pero en Madrid estaba sin trabajo y el puesto allí es indefinido y está muy bien pagado’.
Irene González es madrileña, diplomada en Turismo y habla un inglés fluido tras vivir un año en Londres. El domingo pasado cogía un vuelo rumbo a Marsella con el que abría las puertas a una nueva etapa profesional. A pesar de dejar atrás a familia y amigos, sabe que es una oportunidad que no podía rechazar.
La dureza de la crisis en España ha truncado los sueños de toda una generación de jóvenes ‘ultracualificados’ que, avalados por titulaciones universitarias, másters y el dominio de idiomas, acuden escépticos a la cita con su futuro profesional.
Cada vez son más los enfermeros, ingenieros, economistas o farmacéuticos que miran esperanzados hacia Europa, Estados Unidos u Oriente buscando ‘despegar’ en sus respectivos sectores tras años de estudio y formación: son los ‘emigrantes’ del siglo XXI, aquellos que cargados con su portátil hacen las maletas con el objetivo de poder desempeñar la profesión que aman fuera del país que les formó.
Ana Lobo es periodista, asturiana y tiene 32 años. Tras quebrar el periódico para el que trabajaba como redactora de cultura, decidió no perder el tiempo y aprovechar el período de ‘vacas flacas’ para despojarse de una de sus mayores frustraciones: el inglés. ‘Nunca me fui de Erasmus y siempre he tenido ganas de vivir fuera, sobre todo para mejorar mi inglés. Cogí un avión y aterricé en Brighton, a una hora de Londres, y trabajé varios meses como ‘cleaner’ en un hotel. A la vez acudía a clases de idiomas en dos academias’.
La experiencia en el extranjero le sirvió para madurar y enriquecerse como persona, y aunque Ana ha vuelto a España todavía conserva amigas que se fueron con ella y han optado por quedarse tras encontrar trabajos estables y bien remunerados.
La llegada de Marta Fernández, de 26 años, a la ciudad inglesa de Bristol no ha sido consecuencia de meses de infructuosa búsqueda de empleo. Tras una temporada como voluntaria en La India, su idea es conseguir un buen nivel de inglés para poder estudiar un máster en Periodismo y Cooperación Internacional.
‘Yo me hubiera venido aquí con crisis o sin ella, pero conozco a mucha gente que ante la falta de trabajo en España han querido invertir su tiempo y dinero en formación. Muchas cafeterías, cocinas, hoteles y discotecas se han llenado en los últimos años de licenciados e ingenieros en busca de otras salidas. La verdad es que ha habido un aumento muy grande de españoles en Bristol este último año, y creo que en Inglaterra en general’.
Una beca Erasmus permitió a Ignacio de Castro, madrileño de 28 años, aterrizar en Amsterdam para cursar su último año de carrera de Económicas. Lo que empezó como un curso académico con billete de vuelta a España, se convirtió en una estancia de cinco años con máster y dominio de inglés incluidos. A día de hoy, Ignacio está desempleado pero no deja de navegar por Internet en busca de ofertas.
En octubre viajará a Alemania para dar una ponencia en la Universidad de Berlín sobre modelos de negocio en la era digital. ‘Aunque no cobre nada, tampoco tienes que pagar tasas y creo que será algo muy positivo para mi currículum. Es posible que una vez allí busque trabajo como investigador en alguna universidad o si no, buscaré de lo que sea con tal de poder sobrevivir. Total, para estar en Madrid sin trabajo pruebo suerte en otro país’, asegura.
Los jóvenes pertenecientes a la ‘generación emigrante’ están dispuestos a comerse el mundo. Todos esperan que la ‘catapulta’ al extranjero se traduzca en crecimiento profesional y una mejora de las condiciones laborales. Algunos optan por el aprendizaje de idiomas, otros reciben oportunidades de trabajo que hoy en día escasean en su país de origen. De uno u otro modo, siempre estarán a tiempo de adquirir un billete de vuelta cuando el temporal de la crisis amaine.