"El momento justo de la transmisión será lo más erótico que pueda imaginar". El 23 de enero de 2003, la revista Rolling Stone ponía el dedo en la llaga y publicaba la historia de Carlos, un joven neoyorquino de 32 años que deseaba con todas sus fuerzas ser infectado por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).
Carlos era lo que en el argot se conoce como un ‘bug chaser’, cuya traducción literal es 'cazador del bicho', alguien que acude a orgías con chicos en las que sólo hay una regla, prohibido usar el preservativo, y una motivación: algunos de ellos son seropositivos.
Siete años después, vuelve la polémica en torno a la ‘ruleta rusa del sida’. La posibilidad de que en España se produzcan ‘fiestas’ similares a las que hacía referencia este artículo ha provocado la airada respuesta de las asociaciones de gays y lesbianas, que desean aclarar que, más allá del sensacionalismo, estas prácticas sexuales de alto riesgo son marginales y casi inexistentes.
“Lo realizan personas con una enfermedad psiquiátrica de base, con algún tipo de trastorno psiquiátrico que hay que diagnosticar”, explica Carlos Alberto Biendicho, presidente de la Plataforma Popular Gay.
Biendicho, que además es miembro del Grupo de Derechos Humanos en VIH/SIDA de Red2002 equipara a los ‘bug chasers’ con los conductores suicidas, que disfrutan circulando en dirección contraria aún sabiendo que pueden morir. “Es gente descerebrada”, sentencia, y añade que habría que tratar esta patología y “hacer un análisis para saber por qué se produce esta conducta”.
Este experto, que está diagnosticado de infección por VIH desde hace 22 años, declara que un único caso es suficiente para su estudio, ya que “la salud y la vida de una persona están por encima de todo y son un derecho que hay que proteger”. Por ello, aboga por “trabajar desde la información y la formación”, aunque recalca que esta clase de encuentros “sólo existe de forma anecdótica”.
El estigma del VIH
De la misma opinión es Percy Fernández Dávila, que ha realizado diversos estudios sobre comportamiento sexual y prevención del VIH en el colectivo gay y que forma parte de la asociación Stop Sida. "Esto es algo bastante marginal”, asegura. Desde su experiencia como investigador, confirma que nunca ha conocido a nadie que busque contraer la enfermedad “ni que haya practicado sexo sin protección porque le da igual infectarse”.
“Hablamos de un colectivo que posee mucha información y mucha consciencia de los riesgos que implica el sexo no protegido”, manifiesta Fernández Dávila, que denuncia la injusticia de demonizar al colectivo gay por una tendencia “muy minoritaria si es que existiese en España”. “No se puede identificar VIH con el mundo homosexual”, reivindica.
Un estigma que también deben aguantar aquellos que han de convivir con el sida para el resto de sus días. Carmen es una mujer seropositiva que lucha por acabar con los falsos mitos que rodean al virus. Según comenta, "todavía se relaciona el VIH con gente de mala vida, de prácticas pecaminosas y poco serias".
De ahí que teorías sobre el 'bug chasing' no colaboren a normalizar la situación. Y es que "la asignatura pendiente sigue siendo la discriminación" y los que padecen la enfermedad "llevan un sambenito de culpabilidad que no debe ser así". Carmen asevera que es "diabólico" creer "que alguien quiera contraer el VIH".
"Se da una imagen que no ayuda nada al estigma que estamos soportando", ya que existe el riesgo de "asociar a gente que realiza estas prácticas fuera de la razón con las personas seropositivas, que tienen el tema de la prevención muy presente en su vida".
"Los juicios de la sociedad hacen mucho daño", opina Carmen, quien relata que existen casos de mujeres infectadas de 60 años y "que han sido sólo esposas de sus maridos". Para ella, lo más preocupante es ofrecer la información adecuada, una labor que debería corresponder a las autoridades sanitarias porque "no tiene perdón que un individuo piense que por un beso o un abrazo vaya a contraer el sida".
Ya sea una realidad o sólo una leyenda urbana, la figura del 'bug chaser' contribuye a frivolizar un asunto tan serio como el la infección por VIH, que se estima que en España lo padecen entre 120.000 y 150.000 personas.
Alrededor del 25% de los infectados no lo saben, por lo que las organizaciones piden más colaboración, más información y más campañas institucionales que fomenten el sexo seguro y que terminen con la injusta imagen que les acompaña.