Esa joven orquesta, que fundó y dirige la mexicana Alondra de la Parra, estrenó el jueves 'Brazilian Fanfare', de la compositora brasileña Clarice Assad, y 'Electric Fan', una obra que compuso el estadounidense Paul Brantley a petición de la orquesta.
La orquesta interpretó además 'Bachianas Brasileiras No. 7', de Heitor Villa-Lobos y el 'Concierto Caribeño' de Lalo Schiffrin, con la participación especial en este caso de la flautista venezolana María Fernanda Castillo.
'La misión de la Filarmónica es dar oportunidades, ser una plataforma para solistas y compositores emergentes de las Américas', explicó hoy su creadora, en entrevista con Efe.
La orquesta debutó en 2004 en el teatro Town Hall, uno de los más antiguos de la Gran Manzana y, cuatro años después, ha regresado a ese auditorio, a escasos pasos de la plaza Times Square, más madura en lo musical y con un bagaje que ni su conductora se atrevía a soñar cuando concibió la idea de agrupar a jóvenes talentos para promocionar la música del continente americano.
'Me siento muy satisfecha y a la vez muy sorprendida de la trayectoria que ha seguido la orquesta', afirmó Alondra de la Parra, quién con sólo 22 años de edad se convirtió aquel año en la primera mexicana que dirigía en Nueva York.
Aquel debut produjo vibraciones tan positivas entre músicos y directora, -'fue como si se juntaran todos los astros ese día', recordó Alondra-, que decidieron seguir adelante y preparar más programas, a la vez que afianzaban la orquesta como una entidad sin ánimo de lucro y con una estructura organizativa.
La Filarmónica, en la que participan más de 60 sobresalientes alumnos de conservatorios neoyorquinos y jóvenes profesionales, realizó en 2007 su primera gira por ciudades de EEUU, así como posteriormente la Ciudad de México, y este año se presentará en Canadá.
'Es impresionante lo que esta orquesta ha hecho en cuatro años', subrayó Alondra, que también explicó que, además de los conciertos, realizan otras colaboraciones con proyectos cinematográficos o de danza.
También han dado vida a un concurso para jóvenes compositores y desarrollan un programa educativo con niños de 8 y 9 años en el Alto Manhattan, un área con una elevada población de origen hispano.
Durante el último ensayo previo a la actuación en Town Hall, se percibía una notable complicidad generacional entre directora y músicos, que facilitaba en ocasiones el intercambio de sugerencias sobre cómo acometer mejor determinado movimiento musical.
'Somos un grupo, yo soy parte de ese grupo y lo que queremos es que salga lo mejor posible. Trabajamos en equipo, hay mucho cariño, y cuando ocurre eso, los músicos tocan mejor y yo dirijo mejor. He crecido mucho gracias a ellos', aseguró Alondra, quien amplía ahora estudios en la Manhattan School of Music.
Afirmó que no ha enfrentado dificultades especiales por ser mujer para llegar a directora de orquesta y recomendó a las jóvenes que quieran seguir su camino 'que tengan convicción, amor por la música y disciplina'.
Para la flautista María Fernanda Castillo, que a pesar de su juventud posee ya una dilatada trayectoria como solista o actuando con grupos de cámara y orquestas en Venezuela, México y EEUU, era la primera ocasión en que se ponía bajo la batuta de Alondra, para dar vida a una pieza de notable exigencia técnica como es el Concierto Caribeño de Schiffrin.
'Soy de Caracas y empecé en la música a los cuatro años, porque mis padres querían que tanto yo como mis hermanos desarrollásemos el oído para aprender idiomas', explicó a Efe y agregó que a los nueve años ya se decidió por la flauta, un instrumento que la fascinó al ver un recital.
Durante sus estudios en Estados Unidos, Castillo se ha sentido tentada a explorar nuevos caminos también en el jazz y la improvisación musical, con la idea de aplicar esos conocimientos a la música latina.
'Creo que todo viene por crecer en un país del Caribe, donde el baile es parte de la cultura', afirmó la flautista venezolana.